"Con el coco en el diván" y los estereotipos de las mujeres y las lesbianas


No es necesario ser un gran escritor para publicar un libro, a veces solamente hace falta un título universitario y fácilmente puedes tener el mundo a tus pies. Existe una enorme cantidad de psicólogos y psicoanalistas que, haciendo uso de sus estudios toman la decisión de publicar sus conclusiones, o los trabajos que han hecho en base a sus experiencias con pacientes. Gran parte de ellos lo hace desde un punto de vista bastante objetivo, y aunque algunos han de reforzar sus teorías, muchos de estos libros son más que nada considerados textos no literarios, más bien textos de estudio y aprendizaje psicológico. Pero existe una categoría de libros que se desprende de este tipo de textos, una categoría que, de hecho, es uno de los tipos de libros más vendidos a nivel mundial, y cuyos exponentes gozan de altos niveles de ventas: los libros de autoayuda.

Los libros de autoayuda generan un amplio debate, desde aquellos que son sus lectores o partidarios, hasta sus detractores. La realidad es que los libros de autoayuda son baratos y de precios accesibles, de lenguaje sencillo y aptos para todo público en cuanto a su comprensión, es cosa de ir a cualquier librería y rápidamente podrás acceder a la zona de libros de auto ayuda, que va desde la sexualidad hasta los propósitos a largo plazo.

En esta ocasión, nuestra atención recae en el libro “Con el Coco en el diván”, libro escrito y publicado en el año 2007 por la psicóloga y columnista Pilar Sordo, en compañía con el humorista Coco Legrand. Este libro pretende hacer un análisis desde el punto de vista “humorístico” sobre la sociedad chilena actual, sobre los adolescentes y la forma en la que se desarrollan los nuevos núcleos familiares, así como hablar de los cambios que han experimentado los individuos en estos últimos años. En ciento noventa y dos páginas, Pilar Sordo y Coco Legrand nos hablan desde sus experiencias sobre cómo piensan que ha ido mutando la sociedad chilena, y también como debería ser.

Ahora, dejando de lado momentáneamente al humorista Alejandro Legrand ¿Qué podemos decir respecto de la autora del libro? Pilar Sordo, de cincuenta y un años de edad, egresada de psicología en la Universidad Diego Portales. Pilar Sordo, una mujer con una amplia cobertura de parte de los medios de comunicación por representar todas las ideologías propias de los poderosos que nos gobiernan: fascista, conservadora, homofóbica y machista, Pilar Sordo escribe libros sobre psicología, vendiéndolos en pos de la autoayuda desde una visión marcada por un anticuado sentido de la moral y todos los valores que proclama orgullosamente la ultraderecha.

“Es una suerte de Instructor Motivacional, que se mueve en el escenario con un desplante y expresión, que nos convence de que en sus palabras esta la verdad y la solución a sus problemas”
(Videla Santander, 2014)[1]

¿Qué solución a los problemas que tenemos cree esta mujer que nos otorga? ¿Desde qué punto de vista? No es necesario hacer una revisión extensa ni de todos sus libros, ni de este en particular completo, para darse cuenta del enfoque de la autora. Basta nada más revisar un par de capítulos para ello.

En una época como la actual, con los movimientos feministas expresándose en su máximo auge por la búsqueda de la igualdad y legitimidad de los derechos de la mujer, me gustaría hacer énfasis en el trato de la autora respecto de su propio sexo en su texto. Como se mencionó anteriormente, la visión de Pilar Sordo es conservadora, y, ligado casi obligatoriamente a ello, sumamente sexista, pero disfrazado de una palabrería del estilo “amo ser mujer, somos los seres más maravillosos del planeta”.

“La masculinización de la mujer” según Pilar Sordo.

El libro de Pilar Sordo, con la ayuda de Coco Legrand, no solamente está impregnado de micromachismos y con un enfoque de perpetuación de estereotipos sexistas referentes tanto a mujeres como hombres, que más encima son superficiales, sino que, además debía dedicarle un capítulo completo a su punto de vista estrictamente enfocado a nosotras. Según Pilar Sordo y Legrand, las mujeres nos estamos “masculinizando”.

“Existen en la actualidad un sinnúmero de adolescentes femeninas que se han convertido en verdaderos hombrecitos y no cuidan ni rescatan nada de su femineidad por considerarla ‘perna’ o ‘mamona’”. Me refiero a todas esas niñitas – muchas de ellas se han masculinizados a tal punto no usan calzones sino que boxers u otro tipo moderno de calzoncillos – que están teniendo actitudes muy agresivas y amachadas; toman y fuman a la par de los hombres, se sientan como ellos, se visten como ellos sin rescatar ni por asomo sus encantos y ternura”
(Sordo & Legrand, 2010)[2]

Primero, es importante destacar como la autora (o los autores) se mueven dentro de los parámetros de lo que ellos consideran que es femenino o que es masculino. Estos parámetros no son invenciones (por supuesto) de Sordo o Legrand, si no que corresponden a lo que actualmente se conoce como roles de género: Alude al conjunto de normas sociales y comportamentales generalmente percibidas como apropiadas para los hombres y las mujeres en un grupo o sistema social dado. [3] Los roles de género son una construcción (imposición) social de “reglas” que definen cuál es tu papel dentro de la sociedad dependiendo de si eres hombre o si eres mujer, cuáles son tus tareas, que es lo que puedes o no puedes hacer y en base a que debes moverte. En los tiempos modernos, se ha abierto un amplio debate sobre los roles de género y como es que dimensionan nuestra vida, al respecto habla Lourdes Fernandez Rius, profesora en la facultad de Psicología de la Universidad de la Habana:

“Las representaciones dicotómicas de los géneros, imponen tanto a mujeres como a hombres, limitaciones en su crecimiento personal, diseñan subjetividades contrapuestas, excluyentes que atraviesan la propia vida tanto en sus aristas privadas como públicas. Esto promueve una estereotipia que desarticula cualquier empeño por establecer relaciones interpersonales y el desarrollo de una cultura más humanas.
(Fernández Rius, 2000)[4]

¿Es de esperarse que una mujer con un pensamiento conservador como el de Pilar Sordo del enfoque de sus libros de auto ayuda en pos de la mantención de estos roles de género y estereotipos? Por supuesto que lo es. Empezando inmediatamente por el título, la autora separa estrictamente lo que es considerado femenino y lo que es considerado masculino, y como es que las “niñas de ahora” han comenzado a dejar su feminidad de lado por realizar acciones que son socialmente consideradas masculinas. ¿Por qué una chica, por el simple hecho de querer beber en grandes cantidades, ocupar unos calzones más cómodos (porque seamos sinceros, los bóxer o pantaletas son un millón de veces más cómodos que los modelos de calzón femenino) significa querer masculinizarse? ¿Por qué consideramos a estas alturas de la vida que la ternura es solamente femenina? ¿Acaso un hombre no puede tener encantos, no puede ser tierno? Es cosa de plantear estas simples preguntas para lograr entender hasta qué punto los estereotipos de género han penetrado nuestra vida y sociedad, y como estos libros de autoayuda se encargan de perpetuarlos bajo la mirada estricta de que romper con dichos roles es algo “extraño.

Más interesante aún, es la razón por la cual Pilar Sordo dice que las niñas buscan masculinizarse. Cito:

Tiene sus raíces en el cansancio de una generación nueva que no quiere parecerse ni a sus madres ni a sus abuelas, en la medida en que ellas se han quejado de ser mujeres
(Sordo & Legrand, 2010)[5]

Asocia este rechazo a ser como las antiguas generaciones en base a que madres y abuelas se han quejado de enfermarse una vez al mes (menstruar), de que ser mujer es un “cacho”, de que andamos de mal humor, que parir nos desgarra, y otra lista de superficialidades (aunque no falsas) de las consecuencias de ser mujer. Y, llama a las mismas mujeres a dejar de quejarse y a demostrar lo maravilloso que es ser mujer y a los hombres a que refuercen el papel activo de la mujer, pero siempre femenino.

Ahora, no se pueden negar las bases de esta “masculinización”, que si nacen de un rechazo hacia las formas de ser de las generaciones antiguas, hacia las quejas, quejas que Pilar Sordo llama a dejar de hacer para aceptar nuestro papel femenino en la sociedad como algo positivo. Pero aquí el problema. El rechazo no viene a las quejas que ella desea que acallemos, viene si no, a la razón de dichas quejas. Porque no importa si le pide a los hombres que refuercen nuestro papel activo, porque no importa que dejemos de quejarnos o que Pilar Sordo haga un llamado de emergencia a preocuparnos de esta masculinización en las mujeres. Nuestro papel en la sociedad en la que vivimos ahora es inferior, se perpetua bajo los parámetros de dominación patriarcal, y, sea como sea, ser mujer nunca va a ser bueno, aunque queramos decir que sí.

Ser mujer, en esta sociedad NUNCA es bueno, NUNCA es positivo, porque todo está construido para que sea el hombre le que obtenga los beneficios. Un hombre nunca se ve afectado negativamente por un sistema patriarcal. Si un hombre es lo suficientemente masculino, fuerte, rudo y avasallador, podrá vivir su vida sin sufrir esta clase de prejuicios. ¿Cuándo es un hombre afectado por los estereotipos de género? Cuando presenta características que son netamente asociados a lo femenino: cuando es débil, cuando llora, cuando es sensible, cuando se preocupa de su imagen, cuando es homosexual, cuando no cumple con los parámetros de lo que se dictamina ser hombre. Porque todo lo femenino en nuestra sociedad es malo, y dejar de quejarnos no hará nada más que sumergirnos de nuevo en un silencio resignado, sumergirnos en nuestra deplorable situación en un sistema patriarcal inamovible, sin aspirar a realizar cambios a nuestro favor, simplemente porque “ser mujer es maravilloso”.

Por otro lado, y en el mismo capítulo, Pilar Sordo nos hace una muy corta introducción a su pensamiento sobre el “juego lésbico”. Es importante destacar también que ser mujer es un factor determinante para el empeoramiento de la discriminación que te otorga de por si ser de una minoría. Lo dijo una vez Ángela Davis, filósofa y activista marxista afroamericana: “Ser mujer ya es una desventaja en esta sociedad siempre machista; imaginen ser mujer y ser negra. Ahora hagan un esfuerzo mayor, cierren los ojos y piensen, ser mujer, ser negra y ser comunista. ¡Vaya aberración!. En ese entonces, la visibilidad lésbica no era un tema tan candente, pero ahora… Ser homosexual no es simplemente el problema. Todos quieren tener un amigo gay en estos tiempos. El problema es ser lesbiana, y Pilar Sordo lo plantea desde una visión que trata de ser lo más políticamente correcta posible.

“Otro efecto de la masculinización entre las mujeres es el juego lésbico que tienen dentro de los colegios, donde se autoproclaman lesbianas y, para peor, reforzadas por los adultos. En Chile la mayoría de los homosexuales no se asume públicamente hasta más o menos los veintitrés años y, por lo tanto, no se puede decir que una escolar sea lesbiana, aún cuando haya tenido experiencias con otra mujer. En el caso de los hombres es un poco distinto, porque si un adolescente (varón) ha tenido una experiencia homosexual es muy poco probable que eso tengo algún tipo de reversibilidad en el tiempo, ya que la pulsión biológica  del acto sexual impide la conexión posterior con la heterosexualidad. Por lo tanto, debemos hacer que muchas de estas adolescentes se re-conecte con su femineidad y vean este periodo como una etapa y no como algo definitivo en la vida.
(Sordo & Legrand, 2010)[6]

Podemos volver a plantear preguntas. ¿Volvemos a plantear que la homosexualidad es reversible? El hecho de la mayoría de los homosexuales no se asuma públicamente hasta más o menos lo veintitrés años no significa que no se haya hecho una aceptación personal de la sexualidad muchísimos años antes de esto. Interesante también plantear el concepto de “reconexión con la feminidad” ¿Acaso una lesbiana no puede ser femenina o es que ser lesbiana está estrictamente ligado a la masculinización? Pilar Sordo parece desconocer de plano que una cosa no tiene nada que ver con la otra, porque está mezclando dos conceptos completamente distintos: identidad de género con orientación sexual. El término orientación sexual se refiere al sexo hacia el que una persona se siente atraída en el plano emotivo, romántico, sexual y afectivo. El término identidad de género se refiere a la conciencia de una persona de sentir pertenencia al sexo masculino o femenino. Es decir, una persona puede sentir una identidad de género distinta de sus características fisiológicas innatas.[7] La autora no solamente desconoce y asocia el descubrimiento de la sexualidad de las adolescentes a un fenómeno que ella considera “peligroso”, si no que trata de defender con un uso incorrecto de la información.

La autora no solamente ayuda a la perpetuación de prejuicios respecto a jóvenes lesbianas, sino que lo hace mediante falacias, explicadas de manera simplista y ocultándose bajo su título de psicóloga para que sea más fácil comprensión u acceso a sus lectores, sabiéndose que los conocimientos sobre género y sexualidad de la población promedio chilena son casi nulos, que las palabras salidas de un libro como este son de fácil identificación.

Pilar Sordo, mujer, de cincuenta y un años de edad, homofóbica, moralista, ultraderechista, en base a libros simplistas de argumentos cargados de falacias fácilmente rebatibles, pero que aun así defiende desde su visión como psicóloga, no hace más que ayudar a la perpetuación de un sistema heteropatriarcal, con roles de géneros marcados y que teme que se comiencen a perder. Con la perpetuación de estereotipos y denigraciones al colectivo LGBT+ ocultas bajo párrafos lo más políticamente correctos* posibles, debido a la aceptación última de la homosexualidad, pero que no deja de desacreditar las experiencias homosexuales lésbicas. Párrafos que no dejan de tratar de obnubilar las múltiples injusticias y presiones que como sexo hemos sufrido durante siglos, rebajándolo a un simple “mujeres, dejen de quejarse”.

Pilar Sordo, mujer, de cincuenta y un años de edad, homofóbica, moralista y ultraderechista, es la imagen perfecta de como todo un sistema está perfectamente configurado para que libros como “Con el coco en el Diván”, con todo y su retrógrada y dañina visión al sexo y el género, siga siendo uno de los libros más vendidos de Chile, pasando a llevar violentamente algunas de las luchas sociales más duras de toda la historia de la humanidad.



[1] Videla Santander, C. (2014). "A palabras necias, Pilar Sordo". Aconcagua News. Retrieved from http://www.aconcaguanews.cl/?url=http://www.aconcaguanews.cl//portal/opinion-a-palabras-necias-pilar-sordo-por-cristian-videla-santander-psicologo/
[2] Sordo, P., & Legrand, C. (2010). Con el Coco en el diván (12th ed., p. 123). Santiago, Chile: Uqbar editores.
[3] Myers, David G. (2006). Psicología. Ed. Médica Panamericana. p. 980. ISBN 978-84-7903-917-2.
[4] Fernández Rius, L. Facultad de Psicología y Cátedra de la Mujer Universidad de La Habana. (2000). OEI. Organización de Estados Iberoamericanos. Retrieved 17 October 2017, from http://www.oei.es
[5] Sordo, P., & Legrand, C. (2010). Con el Coco en el diván (12th ed., p. 123). Santiago, Chile: Uqbar editores.
[6] Sordo, P., & Legrand, C. (2010). Con el Coco en el diván (12th ed., p. 124-125). Santiago, Chile: Uqbar editores.
[7] Shoer Roth, D. (2017). ¿Cuál es la diferencia entre orientación sexual e identidad de género?. aboutespanol. Retrieved 28 July 2017, from https://www.aboutespanol.com/cual-es-la-diferencia-entre-orientacion-sexual-e-identidad-de-genero-1405220


* "Políticamente correcto", debo admitir que odio el uso de esta expresión para referirse a discursos pro LGBT, afrodescendientes, trans, indígenas y otras minorías, debido a la contradicción que presenta porque ¿Cuán hemos sido nosotros políticamente correctos? 

** Este ensayo fue escrito bajo la máxima frustración de una adolescente de diecisiete años enojada con su profesora por hacerla leer un libro tan absolutamente básico, por lo tanto cada palabra está escrita con el máximo odio posible que una adolescente (en ese entonces más feminista liberal) puede expresar en cada palabra de odio hacia el libro más machista de la historia mundial. 

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